Los cuerdos de este mundo, de pasarse por aquí (cosa imposible), se preguntarían qué clase de patología mental me aboca a empezar otro blog cuando 1) ya tengo dos y NUNCA escribo en ellos 2)en aquéllos tiempos de gloria en los que se escribían y se leían blogs a porrillo creo que he llegado a reunir diez lectores, si llegan 3) tengo tamaña lista de quehaceres y obligaciones diarios que buscarme una manera (más) de perder el tiempo es una impúdica y evidente autodeclaración de mi imbecilidad.
Con todo, estoy aquí de nuevo, sedienta de ocio como el primer día.No tengo vergüenza, lo sé. Y me consta. Y me duele. Y para que lo sepa el resto del mundo, y le conste, y le duela, está la apertura de este blog, que va a ser igual de inútil para la humanidad que el anterior (sospecho). Dicho esto, cabía preguntarse - ¿hacía falta uno nuevo? La respuesta es un clamoroso pues sí, por una serie de razones:
Para empezar: después de mi último arranque artístico, el otro hacía harto daño a la vista ajena y al orgullo propio (NO, no cambié los colores en estado de embriaguez. Son fruto de una falta de talento estético sincera, espontánea, genuina). No soporto verlo más. La plantilla actual tampoco es inocente, pero al menos puedo echar la culpa a otros.
Para seguir: mi existencia, por causas de fuerza mayor, se ha dignificado. Mis horarios son los de las personas decentes. Sólo trasnocho si me obligan, y lloro si a la 1:00 no estoy en la cama. Empuño la fregona a diario. Saco brillo y esplendor. Trabajo por las mañanas. Tamaña transformación pide a gritos documentación, y a ratos, catarsis.
Para acabar: me apetece muy muchísimo escribir algo que no sean papers o listas de compra.
Sean bienvenidos.
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